Boicoteemos

11 abril 2010 at 1:19 AM 3 comentarios

Ésta no es una denuncia propiamente dicha. Es más una reflexión. Todo tiene cabida en esta web de… todos.

Siempre me he preguntado por qué en Venezuela, a diferencia de otros países, la gente no reclama la mala atención en entes públicos y privados. Ejemplos sobran:

1. El metro se desborda, la inseguridad campea, el aire acondicionado aparece de suspiro en suspiro, los retrasos son el pan nuestro de cada día y nadie hace algo más allá de quejarse en medio del “arrecochinamiento” (literal, véase la construcción de la “palabra”) dentro del propio vagón. En Argentina, ante algunas llegadas tarde de ciertos trenes, los usuarios protestaron quemándolos. ¿Exageración? Quizás, pero cada quien decide su manera de protestar (Aclaratoria: ésta no es ninguna incitación a delinquir).

2. Son innumerables los locales que ofrecen comidas rápidas, lentas, criollas, foráneas o de cualquier clase donde las cajeras mal-encaradas son una predicción infalible del nivel de indigestión que el comensal va a padecer, en las sucesivas fases del “servicio”. Hamburguesas que simulan la Torre de Pisa, pizzas que vuelan por los cielos al intentar picarlas, ensaladas de lechuga deprimida, en fin…

3. En las tiendas de ropa, las dependientas suelen convertirse en una especie de rabito, muy a la moda de Avatar, y con la permanente sospecha de que el cliente algo se va a robar, no lo dejan ni a sol y menos aún a la sombra del vestidor. Si al salir, el susodicho visitante tiene la osadía de exclamar que “nada le gustó” deberá escuchar una retahíla de insultos “susurrados” con suficiente volumen como para que se entiendan las expresiones claves: “este co.. de su m..”, “me hizo perder el tiempo, este p…ejo” y un largo etcétera.

Ahora, ¿por qué siguen -seguimos- regresando a esos sitios donde el maltrato pudiera conducir a que los insultos los den quienes están pagando por el servicio? Y, ojo, al hablar de cancelar un monto puede ir desde 1BsF. hasta millones; no hay diferencia. ¿No nos damos cuenta de que, sin nosotros, esos negocios no sobreviven?

En principio, sucede que hay ciertos espacios a los que no se puede dejar de acceder, como el transporte público. Sin embargo, así como el política se habla del voto-castigo, en este ámbito el término que se usa es el de boicot. No es que hay que dejar de usar el metro, por ejemplo, en las jornadas de locura y estrés laboral. No obstante, ¿qué pasaría si un domingo nadie, ni siquiera quienes tengan el deber de asistir a sus empleos, usan los trenes? ¿La compañía no se daría cuenta? Muy difícil. Y se prepara una acción organizada, es probable que se vean obligados a mejorar la calidad y el confort al que habían acostumbrado a la población en cada uno de sus trayectos, desde su creación hasta hace algunos años atrás.

Otra interrogante: ¿qué ocurriría si, por unos días, los asiduos a ese restaurante donde lanzan la comida sin atender a las especificaciones del consumidor y sin la debida amabilidad -real, no caletreada-, dejan de ir e impulsan a sus vecinos, amigos, colegas a que copien su estretagia? Luego de  haberle comunicado su decisión a los administradores del local, es muy probable que sus exigencias sean atendidas en el futuro inmediato.

Concertar este tipo de protestas no requiere de mayor esfuerzo, menos aún en la era de las redes sociales online donde cualquier información se puede multiplicar, reproducir y difundir exponencialmente en cuestión de segundos. Sólo se requiere decisión, un poco de extroversión, una verdadera voluntad de cambio y un deseo de ciudad, de país donde se sepa que al solicitar un servicio, pago o gratuito, no se está pidiendo un favor. Por lo general, un líder conduce la acción, sin embargo, en la soledad los resultados serán nulos; es imperativo un acompañamiento masivo, con sub-líderes-motivadores y ya después la bola de nieve rueda por sí misma, si existe empeño y anhelos de transformaciones (cosa que, creo, debemos inyectarnos en grandes dosis).

Porque en definitiva si, tras reiterados intentos, una asistencia no es dispensada de manera apropiada lo lógico es recurrir al boicot, también llamado consumo ético y teniendo en consideración que se trata de un método no violento, para manifestar el desagrado o incluso la irritación ante algún deber que no se está cumpliendo. Esto se puede hacer por períodos de tiempo breves o extendidos, intermitentes o continuos, hasta que se obtengan mejoras al 100% o promesas-certezas de una evolución paulatina. Cada situación, lugar y momento lo determinará.

¿Otra forma de boicot? Si se sabe que algunas corporaciones tienen prácticas no ajustadas a las leyes, a los derechos humanos o a aquellos civiles, políticos, económicos, sociales o culturales dejar de acceder a ese bien o servicio que tales conglomerados colocan en el mercado e impulsar a que otras personas lo hagan, por los lapsos que se estimen pertinentes. Total, al fin y al cabo hay que tener muy claro que nada ni nadie es imprescindible y que en esta Tierra del siglo XXI cualquier implemento es sustituible.

No comprar aquí

Imagen tomada de vozgrancanaria.blogia.com

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La Alcaldía de Chacao desatiende a los vecinos Transcurso Cadivi (y no para pedir los dólares)

3 comentarios Add your own

  • 1. Jhoanna Mavares  |  24 febrero 2011 en 11:46 AM

    Hace alrededor de dos semanas fui con mi novio a un restaurant en Los Palos Grandes. Entramos antes que una pareja (que no iba con nosotros pero tenian una agradable tertulia en las puertas del mencionado sitio y por eso me fije en ellos); la capacidad del local no es muy grande y no habian muchas personas. Mi novio y yo entramos, nos sentamos y nos atendieron DESPUES que la pareja antes mencionada entró, ordenaron dos cervezas y se las sirvieron. En el interin de la espera conversamos sobre la mala calidad del servicio en toda venezuela y llegamos a la conclusión de que: los venezolanos no somos para nada solidarios con nosotros mismos, esa idea de boicotear la ida a un sitio, o la no compra de algo, o la no utilización de equis servicio no está en nuestra sangre ni en nuestra programación neuronal (me incluyo por aquello de la humildad, virtud la cual acabo de leer tampoco es un rasgo del venezolano). Nos cansamos muy pronto de exigir y entonces tenemos dos opciones: soportamos que nos traten mal (por la veta de pueblo masoquista o indiferente que si nos corre por las venas) o nos vamos a otro sitio donde nos atiendan un poquito mejor. Lamentable, en realidad.

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    • 2. culturadeservicio  |  22 agosto 2011 en 10:28 PM

      Es así, Johanna. Lamentablemente hay momentos en los que unos pocos nos cansamos de luchar solos contra una sociedad que nos rebasa, con este tipo de malas prácticas, en número. Una prueba de ello es que ni siquiera he podido actualizar más el blog. Gracias por tu comentario y no dudes en poner claramente los nombres de los lugares, poco a poco y de ese modo se logra ir creando consciencia.
      Saludos

      Valentina

      Responder
  • 3. marifer  |  25 febrero 2011 en 9:54 AM

    me parece buenisima esta manera de manifestar, deberiamos hacerlo en el mc donalds de san juan de los morros ya que el servicio es patetico, la atencion de los (as) cajeros (as) es horrible, promocionan un combo mediano del dia y resulta que te venden el combo grande porque “disculpe señor ahorita solo tenemos combo grande” y jamas pero jamas tienen punto de venta… que asco de servicio el mc donalds de san juan de los morros en el estado guarico.

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